Colexio de Farmaceuticos da Provincia de Pontevedra

Un análisis de orina puede revelar si se sigue una dieta saludable

23-01-2017

Alimentación

La nutrición de precisión, que tiene en cuenta las características de cada persona y su entorno para establecer la dieta más conveniente en cada caso, es un campo de estudio muy prometedor. Un trabajo que se acaba de publicar en The Lancet Diabetes and Endocrinology da un pequeño pero importante paso en esta senda, con un método para verificar lo que realmente se ha ingerido. "Uno de los puntos débiles de los estudios en el campo de la nutrición es que no existen herramientas capaces de monitorizar de forma objetiva y exacta lo que las personas comen", expone a CF Isabel García-Pérez, investigadora del Imperial College de Londres y primera firmante del estudio.

En general, se emplean métodos basados "en lo que la gente dice que come, cuya veracidad se estima que tiene un 60 por ciento de error, según han demostrado varios estudios. Por ejemplo, las personas con sobrepeso u obesidad tienden decir que han consumido más frutas y verduras y a omitir o manifestar un consumo inferior al real de grasas y azúcares. Si no sabemos lo que las personas comen, no podemos comprobar con exactitud si una dieta funciona o si los individuos la están siguiendo adecuadamente", agrega.

 

MÉTODO DE INVESTIGACIÓN

El equipo de García-Pérez puso a punto un método de análisis metabolómico y probó su utilidad en 19 personas sanas, cada una de las cuales siguió durante varios días uno de los cuatro tipos de dieta planteados partiendo de la estrategia de alimentación saludable de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El primero de ellos era el que más se ajustaba a las recomendaciones del organismo internacional, y el cuarto, el que menos.

La investigadora española afincada en Londres explica la metodología: "Una pequeña muestra de orina se analiza en cinco minutos mediante espectroscopia por resonancia magnética de protón y nos proporciona una huella metabólica o perfil metabólico que contiene miles de pequeños compuestos químicos o metabolitos. Un conjunto de esos metabolitos derivan del consumo de ciertos alimentos, como frutas y verduras, carne roja, salmón... A continuación, estas huellas o perfiles metabólicos se analizan en nuestro modelo matemático, que determinará el porcentaje de dieta saludable".

Los perfiles metabólicos mostraron diferencias en función de los alimentos ingeridos. Así, los de quienes siguieron la primera dieta reflejaban un mayor consumo de fruta, verdura, pescado y carne blanca, mientras que en la orina de los que ingirieron la dieta menos saludable se halló una mayor presencia de metabolitos derivados del consumo de carne roja y azúcares.

 

POSIBLE UTILIDAD CLÍNICA

La herramienta "está en desarrollo y tiene el potencial de utilizarse en la práctica clínica, por ejemplo en programas para pérdida de peso o en pacientes que se recuperan de un infarto y deben seguir una dieta", comenta García-Pérez. "Además, esperamos que pueda contribuir a otros estudios científicos en los que la dieta es un factor que se quiere evaluar".

La metodología empleada no es completamente nueva, según Clotilde Vázquez, jefa del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, quien califica el estudio de "muy interesante". La búsqueda de marcadores objetivos es un viejo empeño de los expertos en nutrición. El mayor inconveniente que encuentra es que "los estudios metabolómicos son caros", pero a cambio proporcionan una información muy útil sobre "los procesos que se ponen en marcha; es decir, qué rutas metabólicas celulares se potencian y cuáles se silencian en función de los alimentos ingeridos".

Por otro lado, contar con una prueba objetiva puede reforzar el buen cumplimiento del plan dietético. Asimismo, puede ser útil para individualizar la dieta. Por ejemplo, si se sabe fehacientemente que una persona está cumpliendo las pautas de alimentación que se le han prescrito, se puede hacer un análisis metabolómico para averiguar por qué responde de forma diferente a la mayoría estudiando los metabolitos presentes en su orina.

 

COMPLEJIDAD

Para Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia, esa es la verdadera utilidad de la metabolómica en el ámbito de la nutrición. "No me parece factible para la práctica clínica por lo complejos y caros que son estos análisis". Según su parecer, aunque este estudio es interesante "el número de metabolitos que se pueden estudiar es infinito y son diferentes según el tipo de dieta". Cree que se pueden emplear parámetros más sencillos, "como el análisis de cuerpos cetónicos en la orina". Y considera que, aunque se consiga una herramienta barata y de aplicación directa en la práctica clínica, surgirá la pregunta: "¿Y ahora qué?".

En cambio, en el terreno de la investigación, tanto la nutrigenómica (en la que Garaulet está especializada), como la metabolómica permiten profundizar en las respuestas individuales a los alimentos.

Cuatro modelos de alimentación

 

Los participantes en el estudio siguieron cuatro dietas distintas. La primera es la que más se ajusta a las recomendaciones de la OMS, la segunda es un poco menos saludable, la tercera todavía menos y la cuarta, la más perjudicial.

DÍA 1:

- Salmón al vapor (150 g)
- Patata al horno (200 g)
- Guisantes hervidos (60 g)
- Zanahorias hervidas (60 g)
- Brécol hervido (100 g)

DÍA 2:

- Bacalao al vapor (150 g)
- Patatas nuevas (200 g)
- Guisantes hervidos (30 g)
- Zanahorias hervidas (30 g)
- Brécol hervido (75 g)
- Refresco de cola light (330 g)

DÍA 3:

- Salchichas a la cazuela (125 g)
- Patatas chips al horno (150 g)
- Guisantes hervidos (15 g)
- Zanahorias hervidas (15 g)
- Brécol hervido (50 g)
- Refresco de cola (330 g)

DÍA 4:

- Salchichas de cerdo fritas (125 g)
- Gofres de patata (120 g)
- Refresco de cola (330)

Fuente: ‘The Lancet Diabetes & Endocrinology’.

 

Recomendaciones de la OMS

 

- Lograr un equilibrio energético y un peso saludable.
Limitar la ingesta energética procedente de las grasas, sustituir las grasas saturadas por grasas insaturadas y tratar de eliminar los ácidos grasos
trans.
Aumentar el consumo de frutas y hortalizas, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos.
Limitar la ingesta de azúcares libres.
Limitar el consumo de sal (sodio) y consumir sal yodada.

Fuente: Organización Mundial de la Salud (2004)

 

Todo un mundo por explorar en obesidad y diabetes tipo 2

 

La investigación en metabolómica va mucho más allá de los análisis de la dieta. Un editorial publicado el año pasado en Journal of Diabetes Research, uno de cuyos autores es Javier Rupérez, del Centro de Metabolómica y Bioanálisis de la Universidad San Pablo-CEU (Madrid), hace un repaso de su potencial en obesidad y diabetes tipo 2.
En el metaboloma influyen, según se expone en el artículo, “variantes genéticas, factores epigenéticos, cambios en la expresión genética o la actividad enzimática, así como factores medioambientales (dieta, actividad física y fármacos) y el envejecimiento”. Por eso, la metabolómica se perfila como una herramienta de gran utilidad “para estudiar las modificaciones de la susceptibilidad genética relacionadas con el entorno”. Recientemente, gracias a los estudios metabolómicos se han relacionado varias moléculas pequeñas con la diabetes y/o la obesidad, entre otros hallazgos. 
Rupérez y el resto de firmantes creen que, dado el continuo crecimiento de estas patologías, “se precisa una mayor investigación para entender mejor los mecanismos de la obesidad y la evolución de la diabetes tipo 2”. Los tratamientos más efectivos -acividad física, dieta, cirugía bariátrica- deben estudiarse “en mayor detalle, para explorar los mecanismos moleculares subyacentes de la pérdida de peso y la remisión de la diabetes”.

FUENTE: Correo Farmacéutico

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